Aniversario de la
ordenación de los tres primeros sacerdotes
Misa de nuestro Señor
Jesucristo sumo y eterno Sacerdote
Antífona de Entrada
Ps 109,4
lurávit Dominus et non paenitébit eum: Tu es sacérdos in aetérnum secúndum órdinem Melchísedech.
El Señor lo ha jurado y
no se arrepiente: Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec.
Oración Colecta
Oh Dios, que para alabanza
de tu nombre y salvación del género humano quisiste constituir a Cristo sumo y
eterno Sacerdote, te suplicamos que el pueblo, redimido con su sangre, consiga
por su participación en este memorial los frutos de la muerte y resurrección de
tu Hijo, Jesucristo nuestro Señor. Que vive y reina contigo.
Lectura del libro del
Génesis
14,18-20
En aquellos días, Melquisedec, rey de Salem, presentó
pan y vino. Era sacerdote del Dios Altísimo. Y bendijo a Abrán
diciendo:
-Bendito sea Abrán de parte del Dios Altísimo, que
creó el cielo y
Y Abrán le dio el diezmo de todo.
Salmo
responsorial
Sal 109, I. 2. 3. 4
R/. Tu es sacérdos in aetérnum secúndum órdinem Melchísedech.
R/.Tú
eres sacerdote eterno según el rito de Melquisedec.
Oráculo del Señor a mi Señor. / «Siéntate a mi derecha, y haré de tus enemigos
estrado de tus pies».
R/. Tu es sacérdos in aetérnum secúndum órdinem Melchísedech.
Desde Sión extenderá el Señor el poder de tu cetro: / somete en la batalla a
tus enemigos.
R/. Tu es sacérdos in aetérnum secúndum órdinem Melchísedech.
«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,/ entre
esplendores sagrados; / yo mismo te engendré como rocio,
antes de la aurora».
R/. Tu es sacérdos in aetérnum secúndum órdinem Melchísedech.
El Señor lo ha jurado y no se arrepiente: / «Tú eres sacerdote eterno, / según
el rito de Melquisedec».
R/.Tu es sacérdos in aetérnum secúndum órdinem Melchísedech.
Lectura
de la I carta de S. Pablo a los Corintios 11, 23-26
Hermanos: Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os
he transmitido: Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó
pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi Cuerpo,
que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía.» Lo mismo hizo con el
cáliz, después de cenar, diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza sellada con
mi Sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía.» Por eso, cada
vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor,
hasta que vuelva.
Aleluya
lo 6, 58
Allelúia. Sicut misit me vivens Pater, et ego vivo propter Patrem; et quí mandúcat me, et ipse vivit propter me, dicit Dominus. Allelúia.
Aleluya.
El Padre que vive me ha enviado y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que
me come, vivirá por mí, dice el Señor. Aleluya.
Lectura del santo
Evangelio según San Juan
6,51-59
En
aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:
-Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que coma de este pan, vivirá
para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne, para la vida del mundo.
Disputaban entonces los judíos entre sí:
-¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?
Entonces Jesús les dijo:
-Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su
sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene
vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi
carne y bebe mi sangre, habita en mí y yo en él.
El Padre que vive me ha enviado y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que
me come, vivirá por mí. Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de
vuestros padres, que lo comieron y murieron: el que come este pan vivirá para
siempre.
Prefacio
Prefacio I de
El
Sacrificio y el Sacramento de Cristo
V/.
El Señor esté con vosotros.
R/.
Y con tu espíritu.
V/.
Levantemos el corazón.
R/.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V/.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R/.
Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias
siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por
Cristo, Señor nuestro, verdadero y único sacerdote.
El cual, al instituir el sacrificio de la eterna alianza, se ofreció a sí mismo
como víctima de salvación, y nos mandó perpetuar esta ofrenda en conmemoración
suya. Su carne, inmolada por nosotros, es alimento que nos fortalece; su
sangre, derramada por nosotros, es bebida que nos purifica.
Por eso, con los ángeles y los arcángeles y con todos los coros celestiales,
cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo...
1 Cor 11, 24-25
Hoc Corpus quod pro vobis
tradétur; hic calix novi testaménti est in meo Sánguine, dicit Dóminus. Hoc fácite quotiescúmque súmitis in meam commemoratiónem.
Esto
es mí Cuerpo, que se entrega por vosotros. Este cáliz es la nueva alianza
sellada con mi Sangre, dice el Señor. Haced esto, cada vez que lo toméis, en
memoria mía.
Señor,
tu Hijo nos ha mandado ofrecer este sacrificio en conmemoración suya; haz que,
cuantos en él participamos, seamos con Cristo ofrenda de eterna alabanza a tu
divina Majestad. Por Jesucristo nuestro Señor.